Marta, una fisioterapeuta con pasión por el cuerpo humano

En el ámbito de la salud también hay trabajadores por cuenta propia. Los fisioterapeutas autónomos son un buen ejemplo de ello. Muchos eligen montárselo por su cuenta y ofrecer sus servicios de forma independiente.

Este es el caso de Marta Pichardo, una fisioterapeuta autónoma que abrió su propia clínica en Sevilla tras pasar un año en Múnich especializándose en ‘Método Rolfing’ (una terapia manual orientada a la reeducación del movimiento). En Muno nos hemos interesado por su historia y hemos querido saber qué fue lo que la llevó a emprender este camino.

“En mi vida, las oportunidades han ido viniendo solas”

Cuando terminó la carrera, Marta estuvo unos años trabajando en una clínica privada. Pero la insatisfacción que le causaba su situación laboral la llevó a lanzarse a estudiar Rolfing. O como ella nos cuenta, “me dije a mi misma: venga, me lío la manta a la cabeza, dejo atrás mi estabilidad laboral y la seguridad que me aporta y me pongo a estudiar lo que quiero”.

Era algo que siempre le había interesado. De hecho, le llevaba rondando la cabeza desde antes de estudiar la carrera. No se había decidido a hacerlo antes porque no era algo sencillo. Se trataba de unos estudios privados, para los que necesitaba tener ahorros y que tenía que cursar en Alemania. “Las clases eran en inglés y aunque yo tenía buen nivel, me fui un año antes a Dublín para perfeccionarlo”, comenta.

Tras trabajar un tiempo en una clínica privada, Marta se lanzar a estudiar lo que siempre había querido.

Tras trabajar un tiempo en una clínica privada, Marta se lanzó a estudiar lo que siempre había querido.

Cuando volvió a España pensó que lo mejor sería encontrar trabajo en algún sitio y compaginarlo tratando a pacientes de forma independiente. “Cada vez fui teniendo más pacientes privados. Sin embargo, no llegó a salirme trabajo en ninguna empresa externa”.

En ese momento, una vez más, fueron las circunstancias las que guiaron su camino. “Salieron unas subvenciones para emprendedores en la Junta de Andalucía. Eso, junto con la ayuda que suponía la tarifa plana de autónomos, fue lo que terminó de convencerme para hacerme autónoma y montar una consulta propia”. Aunque admite que al principio fue un poco arriesgado, porque todavía “no tenía la seguridad suficiente.” Y a pesar de que poco a poco iba teniendo más pacientes, tampoco tenía tanto volumen de trabajo como para crear una empresa desde cero.

Una subvención para emprendedores y la tarifa plana de autónomos fueron las ayudas que Marta necesitó para comenzar con su proyecto

Ahora mismo asegura que no se puede quejar. Le fue y le sigue yendo muy bien siendo autónoma. “Cada vez mi web está mejor posicionada. Y al tener más pacientes, me recomiendan más”.

Un modelo de negocio colaborativo

Cuando empezó, montó su consulta en un piso. Justo cuando estaba pensando en cambiar de lugar, contactó con un ex-compañero de facultad. Él también estaba estudiando opciones para montar algo por su cuenta. “Me llamó para mandarme a una paciente y hablando con él vi que podíamos hacer algo juntos”.

Ahora los dos gestionan y dirigen un local a pie de calle. “Pero tenemos un modelo de negocio que funciona como un coworking sanitario. Compartimos el espacio que nosotros no utilizamos con otros profesionales sanitarios”. Un nutricionista, un psicólogo, un preparador físico o una profesora de yoga… ¡y todos son autónomos!

Marta también cree en trabajar de forma colaborativa con otros compañeros de profesión. Por ejemplo “si acude a mí un paciente que ha tenido daño neurológico, le derivo a un compañero que esté especializado en neurofisioterapia”.

La clínica de Marta funciona como un coworking sanitario. Además de ella y el compañero con la que la dirige, también fisioterapeuta, allí trabajan un nutricionista, un psicólogo o una profesora de yoga.

En el ‘coworking sanitario’ de Marta, además de ella y el compañero con el que la dirige, trabajan un nutricionista, un preparador físico, un psicólogo o una profesora de yoga.

De trabajar por cuenta ajena a hacerlo por cuenta propia

Marta afirma que, en el mundo de la fisioterapia, no tiene nada que ver una cosa con la otra. “Es cierto que hay algunas clínicas en las que sí se trata a los pacientes de forma personalizada. Pero no en la mayoría. En cambio, cuando diriges tu propia clínica puedes dedicarles mucho más tiempo”.

Antes, podía estar tratando a la vez hasta a seis pacientes en distintas cabinas. “Mientras uno tenía puesto el calor, otro tenía puesta la electroterapia. Entretanto, podía estar dándole un masaje o haciendo estiramientos a otro y haberle mandado hacer ejercicios a otro más”. El tratamiento que les da ahora es muy distinto. “Estoy una hora como mínimo con cada paciente y les dedico toda mi atención”.

Marta ha pasado de tratar hasta seis pacientes a la vez, a ofrecer un servicio totalmente personalizado ahora que es autónoma.

Considera que el hecho de tener su propia agenda y poder organizarse el trabajo como quiera también tiene bastante que ver con esto. Por otro lado, en este tiempo ha podido comprobar que “si te va bien, ganas bastante más dinero que trabajando por cuenta ajena. Incluso aunque trabajes menos horas. El problema en algunas clínicas es que cobras muy poco. Entonces, para que el negocio sea rentable, se tienen que tratar a muchos pacientes en cada jornada”.

Pero reconoce que hoy en día no es fácil hacerse con una cartera de pacientes privados. “Es un proceso que lleva mucho trabajo y va despacio. Ahora casi todo el mundo o tiene un seguro de salud o tira de antiinflamatorios”. Pero también es verdad que la gente cada vez invierte más en su salud. “Hace unos años directamente ni se nos pasaba por la cabeza acudir a un fisioterapeuta. Era algo más desconocido”.

Al tener su propia clínica, Marta puede organizar las citas con sus pacientes como mejor le convenga y estar con ellos el tiempo que requieran.

Al tener su propia clínica, Marta puede organizar las citas con sus pacientes como mejor le convenga y estar con ellos el tiempo que requieran.

No todo son ventajas siendo autónoma, ni mucho menos

Marta nunca ha tenido un problema importante que le haya impedido trabajar. Aun así es consciente de que de cara a la salud “los autónomos tenemos ciertas desventajas. La mayoría elegimos la base de cotización mínima y solo estamos cubiertos por la Seguridad Social”.

Opina que “solemos ponernos menos malos. Sacamos fuerzas, vamos a trabajar y ya está. No nos damos de baja ni faltamos al trabajo a no ser que nos pase algo grave. Yo he ido a trabajar con fiebre o gripe y no me ha pasado nada”, afirma. Parecido al compañero con el que dirige su clínica, que ha seguido trabajando con un esguince o una rotura de fibras en la pierna.

Lo cierto es que los autónomos no tenemos la seguridad de seguir recibiendo ingresos si nos pasa algo que nos impida trabajar. Por eso siempre es mejor tener las espaldas cubiertas. Existen opciones como el seguro de baja temporal para autónomos de Muno. Permite recibir 30, 60 o 90 euros diarios si tienes un accidente o una enfermedad grave y tienes que cogerte una baja. Además, es un seguro con participación en beneficios. Lo que significa que si a final de año hay beneficios, se reparten entre los asegurados. Así, pueden recuperar parte de lo que hayan invertido.

Si como ella, quieres compartir tu historia y tus consejos con nuestra comunidad de autónomos, ¡somos todo oídos!

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